Slow walk y aprendizajes

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Luego de algunas semanas de terminado el Camino, es tiempo para volver sobre él y comenzar a hacer algo que quería hacer cuando decidí comenzar a caminar: mirar mi experiencia reciente en la gestión pública y releerla desde lo que he aprendido en el Camino. Como lo he dicho antes, la vida es como el Camino: vamos solos, pero siempre en compañía; hay encuentros y despedidas; uno enfrenta subidas y bajadas; y los planes no siempre te funcionan porque la vida (y el Camino) son a veces impredecibles. De la misma manera, trabajar en la gestión pública, o en cualquier trabajo en general, tiene mucho similar con el Camino. Uno llega y se encuentra con compañeros de camino; unos llegan y otros se van; hay días buenos y malos; etc. Es necesario aprender de nuestros aciertos y errores, de los buenos pasos y de los tropiezos. Esto es lo que pienso compartir en los siguientes días con ustedes en este blog. Remirar los 5 años de mi trabajo reciente a la luz de los 39 días en el Camino de Santiago, que ha sido una experiencia concentrada de introspección, reflexión y

Hacer el Camino de Santiago ha sido una buena decisión luego de cinco años de trabajo en la gestión pública. Lo bueno del Camino es que, a pesar de lo exigente que les parece a algunos caminar entre 20 y 30 km diarios con una mochila de 8-10 kg por más de 30 días, la verdad es que la vida se reduce a algo muy simple: despertarse, comer algo, cargar la mochila, caminar por 7-8 horas con algunos descansos, llegar a un albergue, comer algo, lavar la ropa, escribir en tu diario, visitar el pueblo o ciudad donde llegaste, planificar el siguiente día, dormir. Y así, día tras día. Con una rutina tan básica, te libras del estrés y tienes tiempo para pensar sobre tu vida, tus deseos, tus proyectos, conversarlo con otros peregrinos que están en el mismo registro y actitud. Por ello, hacer el Camino de Santiago es una suerte de “slow walk”, en el mismo espíritu de lo que ha sido el movimiento de “slow food” en los EE.UU. y Europa. Slow walk porque es ciertamente caminar sin prisa, a tu propio ritmo, gustando de la propia experiencia. Es verdad que algunos peregrinos andan como queriendo llegar antes y contando los kilómetros que demoran cada día. Pero la mayoría lo hace (como fue mi caso) a tu propio ritmo, parando donde conviene mejor, aprovechando las horas de camino solitario para pensar en cosas de tu vida o enganchándote en todo tipo de conversaciones a lo largo del camino, muchas de ellas conversaciones genuinas, como señalaba en otro post.

Hay gente que corre maratones y saca lecciones para su vida y su trabajo. Tal es el caso de Black Mallen y este reciente artículo publicado en LinkedIn. No es que caminar sea mejor que caminar o viceversa. Pero lo que es verdad es que caminar es una metáfora de vivir y podemos sacar lecciones para seguir caminando, para mirar la ruta vivida. Eso es lo que pretendo hacer en las siguientes entradas.

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