Prepararse para el servicio público

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Muchas veces he escuchado el discurso descalificador de lo público: todos los políticos son corruptos, todos los empleados públicos son “coimeros”. Tengo que decir que no es cierto. Especialmente en estos últimos cinco años he conocido, he trabajado y dirigido muchos profesionales cabales, que hacen patria trabajando en el Estado, muchas veces en condiciones complicadas y precarias, pero con mucho amor a la camiseta. Hay otros, no se puede negar, que hacen honor al estereotipo. Pero son una minoría. Sin embargo, toda esta visión construida sobre el sector público hace que muchas personas honestas y valiosas no se planteen ni siquiera en sueños trabajar dentro del Estado. Y creo que es necesario. Es cierto que estamos avanzando (y deberíamos hacerlo más rápido) en tener un Servicio Civil, una carrera más previsible y meritocrática de servicio público. Esto es la Ley Servir, pero aún estamos lejos de su total implementación. Mientras tanto, y mientras los partidos políticos no sean fuertes en el Perú, los gobiernos de turno requerirán el apoyo de profesionales que convoquen para la difícil tarea de conducir e implementar políticas públicas.

Por ello, es necesario señalar la importancia de entrar a trabajar en la gestión pública, aunque sea temporalmente. Es más, muchos de los profesionales que desde el campo de la academia o la cooperación técnica internacional o los proyectos de desarrollo están interesados en los asuntos públicos deberían considerar seriamente trabajar en el Estado. Es fácil opinar desde la tribuna, desde la cátedra universitaria. Lo complicado es hacerlo desde la cancha. Conozco un experto en el campo social que decía lo que el Gobierno debía hacer para lograr las reformas esperadas. Cuando una vez un periodista que lo entrevistaba le preguntó si él estaba dispuesto a liderar esos cambios si le ofrecían un Ministerio dijo que no. Que sólo lo haría si es que le daban poderes omnímodos, presupuesto sin restricciones y un equipo excepcional que solo él podía escoger. ¡Esas condiciones no existen en la gestión pública! Era un ejemplo más de cómo a veces se dice “hay que hacer”, pero es otro cuento que decir “yo/nosotros lo vamos a hacer”.

¿Basta la buena voluntad y empeño para entrar a la gestión pública? Ciertamente, no. Pero un buen profesional se lo debería plantear, de alguna manera, como un servicio a la nación. Ciertamente, sin embargo, requiere preparación, pues no siempre será todo fácil y los riesgos y problemas pueden aparecer en la ruta.

En primer lugar, se requiere tener una visión clara de qué se quiere hacer y cómo se quiere hacerlo. En el caso de la educación de nuestro país, que es el sector que mejor conozco, no hay pierde. Ya está escrito en el Proyecto Educativo Nacional al 2021. El gran asunto de nuestra educación pública es la calidad, pero, sobre todo, la inequidad educativa. Saber esto, tener en cuenta todos los diagnósticos que ya existen y abundan sobre lo mismo nos confirman que cerrar brechas y promover mejores oportunidades es una tarea que nos seguirá ocupando los siguientes años.

Mirar tus convicciones, valorar tu experiencia ya sea en una escuela, en un proyecto, o en el campo de la investigación es una forma de prepararse para la tarea. No se puede trabajar en educación sin haber mirado o trabajado en las escuelas públicas, sin haber conversado largamente con docentes, sin una mirada a la complejidad de las UGELs y la realidad variopinta de la gestión educativa en sus diversos niveles. Nadie puede tener una visión comprensiva de todo el fenómeno educativo, mucho menos en un país diverso y multicultural como el Perú. Pero haber analizado, sistematizado, reflexionado sobre tu propia experiencia, es vital e importante. He hecho hace poco el Camino de Santiago y esto es lo primero. Es como entrenarse y reconocer tu propia capacidad, tus fortalezas y debilidades antes incluso de ponerse a caminar. Para hacer el Camino uno debe caminar entre 10 y 20 km 2 o 3 veces por semana. Y luego aumentar el entrenamiento en las semanas previas a comenzar la experiencia. Conocerte a ti mismo, conocer tu paso, si eres propenso a las ampollas y dónde, ayuda mucho. Uno puede revisar las incontables webs y sitios donde recomienda cómo hacer el Camino, leer los libros y manuales que explican desde cómo armar una mochila hasta cuántos kilómetros andar cada día. Pero nada podrá remplazar a haberte puesto las zapatillas y haber salido a caminar por ti mismo. Igualmente, ahora abundan en el país los cursos, diplomados y maestrías de gestión pública o de algunos procesos clave de la misma. Es importante que muchos profesionales que aspiran a entrar en la gestión pública o que ya trabajan en ella adquieran herramientas y elementos para abordar mejor el trabajo. Pero una lectura, una herramienta en sí mismo no es suficiente. Se necesita revisar tu propia experiencia, el trabajo que ya has hecho o realizado en una escuela, en un proyecto, en la capacitación a maestros. Ese es tu insumo principal y el que dará norte una vez que comiences a trabajar realmente.

Por ello, hay que echarse a andar, atreverse a soñar con cambios y transformaciones sociales. Pero ir preparados, con lo mejor de nosotros mismos: nuestra propia experiencia previa reflexionada.